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BIOGRAFÍA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
(Por Antonio Campoamor)
Juan Ramón Jiménez Mantecón nace en
Moguer (Huelva) el 23 de diciembre de 1881, a las 12 de la
noche, según consta en el Registro Civil de Moguer, libro
15, folio 76 vuelto, número 192. Su nacimiento se produce en
la casa de sus padres, sita en la calle de la Ribera, esquina
con la calle de las Flores. Al poeta siempre le gustó decir
que había nacido el día 24 y fue el tercer hijo del
matrimonio formado por Víctor Jiménez Jiménez y
Purificación Mantecón López-Parejo.

Casa Natal (Calle de la Ribera)
Victor Jimenez y Purificación Mantecón, sus padres.
ASCENDIENTES
Los abuelos paternos de Juan Ramón
fueron:
Manuel Jiménez Sainz del Prado. hijo de
Manuel Jiménez y Joaquina Sáez del Prado, todos de
Nestares de Cameros
Ignacia Jiménez Jiménez: hija de Diego
Jiménez, de Nestares de Cameros y Josefa Jiménez de
Torrecillas de Cameros
Se casaron el 22 de julio de 1824 y
tuvieron 7 hijos: Eustaquio (1825), Víctor (1828), Bibiana
(1830), Juan de la Cruz (1833), Gregorio (1838), Francisco
(1842) y Rafaela (1844).
Su hijo Víctor Jiménez Jiménez,
padre del poeta, nació el 12 de abril de 1828, en Nestares
de Cameros.
Los abuelos maternos fueron:
Ramón José Mantecón Gil, natural de
Manzanilla (Huelva)
JTeresa de Jesús Lopez Parejo Ponce de León,
natural de Osuna (Sevilla)
Su hija Purificación Mantecón López
Parejo, nació (2 de febrero de 1849) y fue bautizada
en Moguer.
Víctor Jiménez y Purificación Mantecón
se casaron en Moguer el 29 de agosto de 1877.
Don Víctor y sus hermanos Gregorio y
Francisco se habían trasladado a tierras andaluzas algunos
lustros antes para recibir la importante fortuna que habían
heredado de uno de sus tíos. Bajo la denominación comercial
de Francisco Jiménez y Cia., los hermanos explotaron
distintos negocios de banca, vapores y tabacos. Tenían en
Huelva la representación de la Tabacalera y la Compañía
Trasatlántica para toda la provincia, minas en la provincia
de Cádiz, y en Moguer sesenta viñedos, veinte lagares y
tres magnificas bodegas dedicadas a la elaboración de
licores, vinos, aguardientes y coñacs finos de marca.
La infancia de Juan Ramón transcurre por
viñas, olivares y pinares, y por las bodegas, huertos y
corrales de Moguer. Infancia vivida en contacto casi
permanente con la naturaleza, escasa de juegos, rica de
soledad y rodeada por el bienestar y los cuidados que le
prodigaba su familia. Juan Ramón guarda pocos recuerdos de
su primera casa, como queda reflejado en la carta escrita a
"Caracola" de Málaga, pues a los pocos añosse
trasladan a la calle Nueva, a una casa que había mandado construir su tío Gregorio y que éste nunca ocupó. Esta
segunda casa (hoy día Casa-Museo) es la que mayores y mejores
recuerdos tiene para el poeta, como queda reflejado en buena
parte de su obra.

Casa Museo Zenobia y Juan Ramón
En sus primeros años, Juan Ramón acude a
las migas o parvularios de Doña Domitila y Doña Benita
Barroeta. Sus estudios de primaria y elemental los realiza en
el Colegio San José, primero con don Carlos Girona y Mexía,
en la calle Rascón y después con Don Joaquín de la Oliva y
Lobo, en la calle de la Aceña. El poeta sentía verdadera
admiración por Don Carlos Girona, como deja reflejado en su
escrito del mismo título.
"Lo suyo me parecía todo lo mejor:
su paraguas, su chaleco, sus tarjetas, sus quevedos de oro...
Y lo que hablaba. Y sentía una gran indignación cuando los
otros señores del Casino de los Caballeros –Don José
Sáez, que leía a Galdós; Don Juan Márquez, Don José
Joaquín Rasco, Don...- ser burlaban de lo que decía. Por
ejemplo cuando decía áccido.
-Pero Don Carlos, que no es áccido. Vamos
por el diccionario.
-A mí no me importa nada el diccionario.
Es áccido y nada más.
En toda mi infancia lo ácido fue áccido
para mí. Y la palabra tenía así un mayor poderío: el
vinagre, la naranja, la uva agraz. Para mí decir áccido era
señalar un elemento. Y lo áccido era mucho más que ácido
cuando yo pensaba el la pelirroja, verde y pecosa Trinidad.
Han pasado cuarenta años y todavía no me
parece ácido tan ácido como áccido.
En septiembre de 1891, realiza en el
Instituto de Segunda Enseñanza de Huelva, el examen de
instrucción primaria. Ya en bachillerato se examina en 1892
del primer curso y en 1893 del segundo, obteniendo
calificaciones de notables y sobresalientes. En septiembre,
de este mismo año, el poeta queda interno en el Colegio de
los jesuitas de San Luis Gonzaga, del Puerto de Santa María
(Cádiz), donde se educaban la mayoría de los hijos de la
burguesía. Allí tuvo por compañeros, entre otros, al poeta
Fernando Villalón y a Pedro Muñoz Seca.

A Juan Ramón le afectó el enorme cambio
que se produjo en su vida por este internamiento, la falta de
libertad, la disciplina y verse alejados de sus padres y
hermanos, de los que recibía todo el cariño. Aunque mantuvo
siempre algunos buenos recuerdos, sobre todo por las
travesuras vividas junto a Fernando Villalón, sus
evocaciones sobre esta etapa de su vida, no son muy gratas.
Es en este Colegio donde se manifiestan
sus primeras inclinaciones artísticas como queda reflejado
en sus libros y cuadernos, con algunos poemas y dibujos. El
ambiente y las lecturas religiosas dejan también huella en
él, especialmente la "Imitación de Cristo", de
Tomás de Kempis, que le produce una honda impresión, que
recordará toda su vida.
En 1894, 1895 y 1896 se examina de los
cursos correspondientes, obteniendo a su vez buenas
calificaciones y en ese último año obtiene el Título de
bachiller y regresa a Moguer.
Ese verano de 1896 será feliz para el
poeta que se enamora por primera vez e inicia un noviazgo con
Blanca Hernández-Pinzón Flores, próxima a su familia pues
Victoria, su hermana, era novia de José Hernández-Pinzón,
hermano de ella. queda reflejado en sus libros y cuadernos,
con algunos poemas y dibujos.

Juan Ramón con Blanca Hernández-Pinzón y amigos
En septiembre de ese mismo año Juan
Ramón se traslada a Sevilla. Junto a su hermano, Eustaquio,
se instala en una casa de huéspedes en la calle Gerona,
donde intenta estudiar la carrera de Derecho, pero en
realidad se iniciará en la pintura, con el pintor gaditano
Salvador Clemente, que poseía el taller en la calle de Las
Dueñas, próximo a la calle Gerona. Pinta bodegones,
paisajes, algunos retratos, entre ellos, su autorretrato,
etc. Aunque Juan Ramón aprendió mucho y rápidamente con su
maestro, al año siguiente abandona el taller de Clemente e
inicia la carrera. En Sevilla vuelve a enamorarse Juan
Ramón: la elegida es Rosalína Brau, una puertorriqueña cuya
belleza y personalidad le conmovieron.
Juan Ramón y su madre.
Es Sevilla fundamental en su formación intelectual y donde
se puede decir que nació como poeta, aunque previo paso por
la pintura, como él mismo explica: "Primero se
despierta en mí el amor a la pintura. Luego, a la poesía.
Luego, a la música. (A la pintura: de los primeros años de
la niñez a los 15 ó 16. A la poesía de los 15 ó 16 en
adelante. A la música de los 20 en adelante). Luego,
primero, disminuye el amor a la música. Luego, a la pintura.
Aumenta siempre el amor a la poesía (y literatura) como arte
completo".
El poeta va abandonando su primera
intención de estudiar leyes y se va sumergiendo en la vida
intelectual de la ciudad. Cuando, en septiembre de 1897,
vuelve a Sevilla se ve claramente que tampoco tiene
intención de estudiar. Empieza a frecuentar el Ateneo y
allí, en su biblioteca, lee a Bécquer, a Rosalía de Castro
y Jacinto Verdaquer, se familiariza con nuestro Romancero y
con la literatura clásica española. Además allí se
relacionaba con poetas y escritores, todos mucho mayores que
él, pero con los que charlaba y discutía, como Luis
Montoto, José Velilla, José Lamarque Novoa, Francisco
Rodríguez Marín etc. También frecuenta el centro literario
La Biblioteca, sito en la calle Cuna. Y ocurre lo
que tenía que ocurrir: crece en su corazón la ilusión de
ser algún día un gran poeta. Escribe febrilmente y envía
sus poemas a periódicos y revistas de Huelva y Sevilla: El
Progreso, El Correo de Andalucía, El Noticiero Sevillano, El
Programa, Diario de Huelva...
En la primavera de 1899 vuelve a Sevilla,
donde en esta ocasión estudia con cierta dedicación y se
matricula de primer curso de derecho, aunque sigue
escribiendo versos. Aprueba Metafísica, pero suspende
Historia crítica de España, y no se presenta a Literatura
general y española. El tropiezo le hace abandonar los
estudios para siempre. Atraído por más lejanos horizontes,
comienza Juan Ramón a publicar Vida Nueva, de Madrid.
Villaespesa y Rubén Darío le invitan entonces a trasladarse
a la Villa y Corte movilizándole para la gran causa
modernista.
Juan Ramón llega a Madrid en los primeros
días de abril de 1900. En su maleta lleva todos sus versos,
reunidos bajo el título de Nubes. En la estación de Atocha
le esperan Salvador Rueda, Francisco Villaespesa y otros.
Villaespesa se convierte en su mentor y le lleva a visitar
imprentas, plazas, iglesias, cementerios, cafés, museos,
jardines; le presenta a Rubén Darío, Benavente,
Valle-Inclán, Azorín y Pío Baroja, y le acompaña a las
tertulias de los principales escritores. Sus nuevos amigos le
aconsejan separar los versos de Nubes en dos libros de
distinto tono: Almas de violeta y Ninfeas, que no aparecerán
publicados hasta septiembre de ese año. En mayo regresa a
Moguer, algo enfermo y desencantado del ambiente literario
que se respira en Madrid.
En junio viaja, acompañado de su madre y
de su hermana Victoria, al balneario de Alhama de Aragón,
para curarse la sobreexcitación producida por las emociones
vividas en Madrid. El 3 de julio de 1900 muere en Moguer,
víctima de una embolia cerebral, don Víctor Jiménez, padre
de Juan Ramón. La conmoción que tal hecho produce en el
joven poeta es enorme. Se llena de una preocupación sombría
y tiene, durante mucho tiempo, la idea fija de llevar la
muerte a su lado. Como en tal estado solo le tranquiliza la
presencia de un médico, se traslada a vivir a Fuentepiña,
la finca de su familia situada a escasos metros de la casa
del doctor Rafael Almonte.
Fuentepiña
La neurastenia y los desequilibrios
mentales que atenazan al poeta, aconsejan internarle en el
sanatorio francés para enfermos mentales de Castel
d´Andorte, en Le Bouscat, Burdeos, que dirigía el doctor
Lalanne. Allí estuvo de mayo a septiembre de 1901, instalado
en la propia casa del Dr., sin relación alguna con el resto
de los internos, y creo una estrecha relación con él, su
esposa y sus hijos. Según todos los indicios, mantuvo
relaciones de tipo carnal con algunas féminas, lo que
supuestamente precipitó su inopinado regreso.
Cuando vuelve a Madrid, ingresa en el
Sanatorio del Rosario, de las Hermanas de la Caridad de Santa
Ana, donde estará al cuidado del doctor don Luis Simarro.
Allí van a visitarle, entre otros, los hermanos Machado,
Valle-Inclán, Cansinos Assens, Villaespesa, Salvador Rueda,
los Martinez Sierra y Jacinto Benavente. Como el poeta vivía
alejado, por voluntad propia, de las tertulias de los cafés,
creó en su aislamiento su propio ambiente, organizando en el
sanatorio reuniones a las que asistían los nombrados y
muchos otros poetas y escritores, a veces acompañado de sus
hermanas y amigas. El sanatorio llegó a cobrar fama en la
época por esas reuniones y por los apasionados amores de
Juan Ramón con alguna de las monjas más jóvenes.
El sanatorio fue escenario también de
sucesos menos prosaicos. En 1902 se celebró allí la
aparición de Rimas, el tercer libro de Juan Ramón, que fue
muy elogiado por la crítica, y en 1903, se decidió allí la
publicación de Helios, la mejor revista de la prensa
española de su tiempo. En ella publicaron sus trabajos
Rubén Darío, Serafín y Joaquín Álvarez Quintero,
Benavente, los hermanos Machado, Azorín, doña Emilia Pardo
Bazán, Santiago Rusiñol...Lista interminable porque fueron
más de cincuenta los talentos que se prestaron a colaborar.
En 1903, Juan Ramón publicó Arias tristes, libro que
provocó el episodio que durante años, se tuvo por leyenda:
su romance epistolar con Georgina Hübner, una muchacha
limeña de veinte años. El interés por conseguir un
ejemplar de ese libro, y por obtener, al mismo tiempo, sus
autógrafos y sus cartas, hace que un grupo de jóvenes
peruanos se invente una admiradora imaginaria para que
sostenga con él un idilio por correspondencia de continente
a continente. Cuando las cartas empezaron a discurrir por un
cauce más íntimo, Juan Ramón la pide que haga un viaje a
España, para conocerla personalmente. El grupo de bromistas
decide aparentarla muy enferma y recluirla en un balneario.
Juan Ramón anuncia su deseo de viajar a Lima, y entonces el
grupo termina con la farsa "matando" a Georgina de
tisis galopante, y haciendo que el cónsul de Perú entregue
al poeta un cable comunicándole su fallecimiento. Juan
Ramón inmortalizó este romance en su famosa "Carta a
Georgina Hübner en el cielo de Lima", del libro
Laberinto. En 1903, el poeta abandona el Sanatorio del
Rosario y se instala en casa del doctor Simarro, quién
pondrá a Juan Ramón en relación con los pintores Emilio
Sala y Joaquín Sorolla, con la Institución Libre de
Enseñanza y con don Francisco Giner de los Ríos. Ninguna de
esas amistades consiguió superar la intimidad que unió al
poeta con el matrimonio Martínez Sierra.
A mediados de 1905, Juan Ramón regresó a
su pueblo natal en busca de su total y completo
restablecimiento. Antes de abandonar Madrid, el poeta da al a
imprenta Jardines Lejanos. Este Moguer al que Juan Ramón
vuelve no es el mismo que dejara en 1901. Desde el
fallecimiento de su padre ha ido mermando la considerable
fortuna de la familia, que ahora está en litigios, y el
esplendor de las viñas y el aroma de las bodegas rebosantes
y olorosas, son ya un vago y triste recuerdo. Para Juan
Ramón es una época triste y lamentable, llena de desazones,
inquietudes y preocupaciones, en la que se agrava nuevamente
su enfermedad y se siente hastiado de todo e inclinado al
suicido. No trabaja nada y le sigue acechando su temor a la
muerte. Doña Pura, su madre, se ha mudado a una modesta casa
de la calle de la Aceña. Se han casado sus hermanas Ignacia
y Victoria y de estos matrimonios le han nacido al poeta
varios sobrinos.
Juan Ramón busca consuelo en el campo
amantísimo de Moguer. Días de lectura y de explosivo gozo
rural en los que, sin embargo, la enfermedad vuelve a rodear
al poeta de temores y presagios angustiosos. Los amigos,
aunque respetan su soledad, se preocupan de no echar en
olvido la existencia del poeta: leen sus versos en el Ateneo
de Madrid; la Academia de Poesía Española, de Madrid, le
nombra por unanimidad Académico de Número, y el Ateneo de
Sevilla le tributa un sentido homenaje. De 1908 a 1913, Juan
Ramón dará a la imprenta diez libros de poesía: en 1908,
Elegías Puras; en 1909, Las hojas verdes y Elegías
Intermedias; en 1910, Baladas de primavera y Elegías
lamentables; en 1911, Pastorales, La soledad sonora y Poemas
mágicos y dolientes; en 1912, Melancolía, y en 1913,
Laberinto. Son los años, también, en que Juan Ramón brinda
su amistad a Platero, un burrillo pequeño y peludo que acaba
convirtiéndose en compañero indispensable para ir de Moguer
a Fuentepiña, o simplemente para ir al campo. De sus salidas
a la campiña moguereña y de aquel contacto, empezaran a
fluir las páginas sentimentales de Platero y yo, el libro
que inmortalizó a Juan Ramón, cuya primera edición,
destinada a los niños, apareció en la Navidad de 1914.
En los primeros días de 1913, Juan Ramón
vuelve a Madrid. Los años de 1905 a 1912 han resultado
decisivos y muy fructíferos para el poeta. Además de
publicar los libros ya mencionados, ha iniciado su relación
epistolar con don Miguel de Unamuno, ha recibido en su casa a
Joaquín Sorolla, ha consolidado su amistad con personajes
tan dispares como Pedro García Morales, Manuel Siurot,
Francisco Pompey y Ramón Gómez de la Serna, y ha colaborado
en las mejores revistas de Madrid. Para esa época, el Banco
de España ha decretado la ruina de su familia como herederos
de un capital embargado. Las pertenencias de los Jiménez,
exceptuando las de doña Pura, la madre, fueron vendidas en
subasta pública, pero una parte de las fincas, casas y
terrenos pasaron nuevamente a su propiedad, al ser comprados
por los maridos de las hermanas del poeta. Juan Ramón se
hospeda en la calle Gravina, pero su estancia allí dura
apenas unos meses. El ruido le obliga a buscar otra casa. Se
muda a la pensión Arizpe.
En esta pensión el poeta estaba muy a
gusto, aunque la tranquilidad que le rodeaba era todavía
relativa. Al lado de las habitaciones ocupadas por Juan
Ramón, pared por medio, vivían unos vecinos muy ruidosos:
un matrimonio norteamericano que cuando tenía visitas
tocaban el piano, charlaban a voces y reían tan alto y tan
estrepitosamente que él tenía que dar golpes en la pared
para que se callaran. En medio de la algazara Juan Ramón
percibía una voz agradable y una sonrisa de mujer que
llamaron tanto su atención que se propuso averiguar quien
era la joven alegre desconocida. No tardó en enterarse: era
Zenobia Camprubí, la hija de uno de los ingenieros de la
Junta de Obras del Puerto de Huelva, a la sazón establecido
en La Rábida.
Enterado Juan Ramón de que Zenobia y los
ruidosos vecinos asistían a los cursos para extranjeros que
impartía la Residencia de Estudiantes, se las ingenió para
acudir la mañana en que el conferenciante, don Manuel B.
Cossío, disertaría sobre La Rábida. Logró así ser
presentado a Zenobia, y poco después comenzaron a verse,
aunque procurando no levantar las más mínima sospecha.
Juan Ramón vive en esa época en la
Residencia de Estudiantes, donde dirige las ediciones,
también colabora estrechamente en el proyecto y decoración
de la nueva residencia, de la calle Pinar, que el llamó: La
Colina de los Chopos y junto a Alberto Jiménez Fraud y al
Doctor Calandre, se instalan en el nuevo edificio el día 18
de septiembre de 1915. El poeta diseñó parte del jardín,
la biblioteca y eligió muchos de los materiales de las
distintas dependencias. Al mismo tiempo trabaja en la
Editorial Calleja.
Zenobia era una joven de muchísimo
talento que llamaba la atención por su sencillez, su
alegría y su bondad exquisitas. Juan Ramón estaba
visiblemente enamorado. Además de culta y sensible, le
parecía una mujer agradable, finísima y muy inteligente.
Pero su noviazgo no fue un camino de rosas. Que Juan Ramón
fuese grave para el carácter desenfado y juvenil de Zenobia
motivó que ésta no le correspondiera inmediatamente. A los
románticos requerimientos de Juan Ramón responde Zenobia
con bromas, generalmente mal acogidas por el poeta. No le
resultó fácil a Juan Ramón llegar al corazón de su amada
y convencerla de que también un poeta débil y triste como
él podría hacerla muy feliz. Había además otro
inconveniente: Juan Ramón no encajaba en el tipo de
pretendiente que los Camprubí habían imaginado para su
hija. Juan Ramón fue venciendo todas las dificultades y en
1915 los dos hacían planes para unirse en matrimonio. A
finales de año, nació el segundo nieto de doña Isabel, y
ella y Zenobia se embarcaron, por cuarta vez, para los
Estados Unidos.
Antes de partir, vería la luz, traducido
por Zenobia y con un poema-prólogo de Juan Ramón, que
había corregido la traducción, el libro La luna nueva, de
Rabindranath Tagore, el poeta hindú galardonado en 1913 con
el Premio Nobel. El 20 de enero de 1916, Juan Ramón abandona
Madrid, pasa una semana en Moguer, con su madre y hermanos, y
el 30 embarca en Cádiz rumbo a América: va a casarse con
Zenobia.
El enorme amor hacia Zenobia le inspira
nuevas ediciones pensadas y dedicadas a ella como: Estío,
Monumento de Amor y el más importante, según el propio
poeta y sus críticos: Diario de un poeta recién casado, que
marcaron un antes y un después en la poesía española.
El 2 de marzo, Juan Ramón y Zenobia
contrajeron matrimonio en la iglesia de Saint Stephen, de
Nueva York. Tres meses duró la luna de miel por tierras
americanas: Boston, Filadelfia, Baltimore, Washington…El 1
de julio, Zenobia y Juan Ramón volvieron a Madrid.
Alquilaron una vivienda en Conde de Aranda 16, y allí,
comenzaron su vida de casados. Zenobia se convierte en el
ángel de la guarda del poeta: se multiplica para que su
marido viva una vida fecunda y armoniosa, orientada sólo
hacia la belleza, Juan Ramón vuelve a dar nuevos libros a la
imprenta: en 1916, publica Estío; en 1917, Sonetos
Espirituales, Poesías escojidas, Diario de un poeta recién
casado y la edición completa de Platero y yo;
en 1918, Eternidades, y en 1919, Piedra y cielo. En
Eternidades utiliza Juan Ramón por primera vez su particular
ortografía, ajustada a la fonética usual. A la par que a
sus libros, se entrega Juan Ramón por estos años, en
colaboración con su esposa, a una labor importante: la
traducción al castellano de una parte de la obra de Tagore.
Zenobia y Juan Ramón tradujeron casi una treintena de libros
del poeta de Calcuta, entre poemas líricos y dramáticos,
teatro, cuentos y aforismos. En 1920 los esposos habían
traducido el drama Jinetes hacia el mar, del irlandés John
M. Synge. Este libro era el primero de una colección para la
que proyectaban traducir obras de Romain Rolland –de quien
Juan Ramón había traducido ya Vida de Beethoven, en 1915-,
Rossetti, Marcelina Desbordes Valmore, Shakespeare y otros.
En 1922 Juan Ramón publica su Segunda
antolojia poética, y en 1923, Poesía y Belleza, tres libros
de especial relevancia en la historia de nuestra literatura.
En 1924, invitados por la familia García Lorca, Zenobia y
Juan Ramón viajan a Granada. Son los años en que Juan
Ramón publica varias revistas poéticas: Índice, Sí y Ley,
en las que colaboraron un grupo muy selecto de poetas y
escritores ya consagrados: Azorín, Gómez de la Serna, los
hermanos Machado, Ortega y Gasset. En ellas aparecieron
publicados también los primeros versos de los más jóvenes,
a quienes Juan Ramón acogió siempre con entusiasmo y
generosidad sólo en contadas ocasiones correspondidos:
Gerardo Diego, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Federico
García Lorca, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, Manuel
Altolaguirre, Carmen Conde, Antonio Espina, Corpus Barga. Y
junto a ellos artistas tales como Benjamín Palencia, Juan
Bonafé, Francisco Bores y Salvador Dalí. Al mismo tiempo
que editaba estas revistas, Juan Ramón dio a la imprenta sus
famosos cuadernos: en 1925, Unidad; en 1928, Obra en marcha;
en 1923, Sucesión; en 1933, Presente, y en 1935, las Hojas
que cerraron la serie. Todos esos cuadernos contenían
únicamente textos de Juan Ramón: caricaturas líricas,
cartas, prosas poéticas, poemas, ensayos, poesías
revividas, aforismos y anticipos de sus libros inéditos.
Estos cuadernos marcaron un hito en las artes gráficas de
nuestro país, a cuya renovación contribuyó tan eficazmente
Juan Ramón con su técnica, su buen gusto y su sensibilidad
extraordinaria.
En 1926, abre Zenobia una tienda dedicada
al arte popular, en sociedad con su amiga Inés Muñoz. El
establecimiento se llama "Arte Popular Español" y
en él se venden bordados, encajes, mantillas y objetos de
arte. Con ello hacía realidad un viejo proyecto: convertirse
en intermediaria en la compra y venta de estos artículos a
cambio de una pequeña comisión. Esta tienda, sin embargo,
nunca pudo considerarse un negocio. Más provechoso resultó
para Zenobia ocuparse de subarrendar pisos amueblados a
diplomáticos extranjeros de paso por la capital de España,
aunque nunca disfrutó de sus beneficios, pues el matrimonio
los destinó a sufragar los estudios de su sobrino Juan
Ramón, ahijado del poeta e hijo único de su hermano
Eustaquio. Los trabajos rentables no eran, sin embargo, la
ocupación predilecta de Zenobia. También le gustaba ser
útil, sólo por el gusto de serlo. A partir de 1925, algunas
alumnas de la Residencia de Señoritas consiguieron, gracias
a su mediación, bolsas de viaje para estudiar en varios
colleges norteamericanos. Y cuando al año siguiente se
funda en Madrid el Lyceum Club Femenino, Zenobia participa
activamente en su organización, y es su secretaria durante
los años que lo preside María de Maeztu. Antes, o al mismo
tiempo, Zenobia ha colaborado con distintas sociedades
humanitarias: La Enfermera a Domicilio, El Ropero de Santa
Rita y la Visita a Domicilio.
En agosto de 1928 muere en Moguer doña
Pura, madre de Juan Ramón. Sólo unos días después fallece
en Madrid doña Isabel, la madre de Zenobia. Al año
siguiente, viaja a España José Camprubí, el hermano mayor
de Zenobia, y al regresar a los Estados Unidos regala a los
esposos el pequeño Ford que han utilizado él y su familia
para desplazarse en sus viajes por la península. A partir de
ese momento –Zenobia fue una de las primeras mujeres
españolas que se sentaron al volante-, viajar se convierte
para Zenobia y Juan Ramón en una de sus más preciadas
aficiones. Durante dos años recorrieron incansables media
España. La otra media la recorrió Zenobia sola, acompañada
de familiares o de matrimonios amigos.
La existencia del poeta está salpicada de
diversos episodios que merecen ser recordados siquiera
sucintamente, porque apenas trascendieron a la opinión
pública: el drama en que se vieron envueltos los esposos
cuando, en julio de 1932, tras esculpir el busto de Zenobia,
se quita la vida Marga Gil Roësset, la joven escultora
enamorada de Juan Ramón con un amor que sabe imposible; su
fulminante ruptura con Jorge Guillén, en marzo de 1933,
cuando el vallisoletano deja de cumplir lo pactado con Juan
Ramón respecto a la colaboración insistentemente solicitada
para la revista Los Cuatro Vientos; su meditada e irrevocable
decisión de no autorizar la inclusión de ninguno de sus versos en
ninguna antología de poesía española que se publique a
partir de 1934; y su segunda y rotunda negativa a ser elegido
académico, cuando en junio de 1935 es llamado a ocupar un
sillón en la Real Academia Española y declina el honor
sembrando el desconcierto y la sorpresa. Son los años
también en que Juan Ramón, huyendo de los ruidos vecinales
y callejeros se ve obligado a cambiar sucesivamente de
domicilio: Conde de Aranda, Lista, Velázquez, Padilla…
En 1930, Juan Ramón proyecta la
publicación de su obra completa en doce volúmenes, seis de
prosa y seis de verso. Al año siguiente preferirá
publicarla en cuadernos sueltos; pero sólo unas semanas
después de tomada esta decisión vuelve a los volúmenes,
convertidos ahora no en doce, sino en sesenta: quince en
verso, quince en prosa y el resto de traducción. En marzo de
1934, Juan Ramón dio a conocer un nuevo y definitivo plan de
ordenación de su obra: veintiún volúmenes. Siete de verso:
Romance, Canción, Estancia, Arte menor, Silva, Miscelánea y
Verso desnudo; siete en prosa: Verso en prosa, Leyenda, Viaje
y sueño, Transunto, Caricatura, Miscelánea y Crítica; y
otros tantos como complemento de los citados: Resto,
Traducción, El padre matinal, Artes a mí, Críticos de mi
ser, Cartas y Complemento jeneral. De todos estos libros,
sólo vería la luz, en vida de Juan Ramón, Canción,
publicado en mayo de 1936.
El 15 de junio de 1936, Juan Ramón iba a
leer su conferencia Política poética en la Residencia de
Estudiantes. Un ataque de conjuntivitis en un ojo, y tal vez
las dudas sobre su capacidad para enfrentarse a un auditorio
por primera vez en su vida, hicieron que ocupase su lugar un
viejo amigo. Cuando en julio de ese año estalla la guerra,
para remediar en la medida de sus fuerzas las consecuencias
de la lucha, los Jiménez convierten en guardería uno de los
pisos que Zenobia realquilaba a extranjeros y diplomáticos,
donde acomodan a una docena de niños de los llegados a
Madrid al propagarse la revolución. Para sufragar la
manutención de estos niños –Juan Ramón hacía tiempo que
no cobraba liquidaciones de sus libros-, el matrimonio
empeña en el Monte de Piedad diversos objetos de plata y
alhajas que poseían. Para dejar clara su postura ante los
acontecimientos, el 30 de julio Juan Ramón suscribe, con
Antonio Machado, don Ramón Menéndez Pidal, Gregorio
Marañón, Ramón Pérez de Ayala y José Ortega y Gasset, el
manifiesto de texto insignificante, pero muy significativo,
por el que se coloca "del lado del Gobierno, de la
República y del Pueblo, que con tanto heroísmo está
combatiendo por las libertades"
Ante las noticias alarmantes que hablan de
sangre derramada, Juan Ramón empieza a vivir en continuo
sobresalto. Madrid no es el remanso de paz soñado por el
poeta, y su salud empieza a resentirse. Sus propios amigos le
instan a que salga de España. A mediados de agosto, Juan
Ramón se entrevista con Manuel Azaña, presidente de la
República, y le expresa sus deseo de obtener pasaporte para
salir de España con dirección a Puerto Rico, donde debe
atender ciertos compromisos literarios contraídos con
anterioridad al levantamiento militar: la edición de sendas
antologías de su propia poesía y de Tagore que proyectaba
publicar, destinadas a las escuelas publicas, el Departamento
de Educación de la isla. Azaña comprendió en seguida que
Juan Ramón, con su testimonio, su prestigio y sus
insobornables convicciones políticas, podía ser más útil
a la República en el extranjero que dentro de España, y no
tuvo inconveniente en acceder a sus deseos. El 19 de agosto
de 1936 se expidió a Juan Ramón pasaporte diplomático de Agregado Cultural honorario a la Embajada de España en
Washington, y el 22, Zenobia y él atravesaron el paso
fronterizo de La Junquera, con dirección a París. Cuatro
días después embarcaron en Cherburgo rumbo a Nueva Cork.
Atrás dejaban su casa, y en ella sus únicos bienes
materiales: sus muebles, enseres y pertenencias personales, y
con ellas sus libros y los manuscritos del poeta, con toda su
obra inédita. No llevaban demasiado equipaje, intuyendo que
la ausencia sería corta.
Al llegar a Nueva York, los esposos
anunciaron en el diario La Prensa, propiedad de José
Camprubí, hermano de Zenobia, una suscripción para recaudar
fondos destinados a socorrer a los niños víctimas de la
guerra. Después de un breve y descorazonante viaje a
Washington en busca de una paz española que no despertó la
atención de nadie, los Jiménez embarcaron con Dirección a
Puerto Rico. En la isla Juan Ramón ultimó los detalles de
las antologías que iba a publicar el Departamento de
Educación, pronunció conferencias en Río Piedras,
Santurce, Ponce, Salinas y San Juan, se reunió con jóvenes
universitarios y con niños de las escuelas, y leyó sus
poemas a grupos de niños ciegos, que a su vez recitaron
poemas suyos al poeta. A finales de noviembre, al no
encontrar en Puerto Rico talleres gráficos donde se pudieran
imprimir las antologías, los esposos se trasladaron a Cuba.
Hotel Vedado (Cuba)
La presencia del poeta en La Habana
provocó una verdadera conmoción en los medios culturales de
la isla. La Institución Hispanocubana le invita a dar una
serie de tres conferencias en el teatro de la Comedia; traba
amistad con los más jóvenes y mejores poetas: Lezama Lima,
Eugenio Florit, Ángel Gaztelu, Cintio Vitier…; a
instancias suyas se organiza un certamen para seleccionar y
publicar los mejores poemas de aquel año y recogerlos en
una antología con el título de La poesía cubana en 1936;
participa en actos públicos de afirmación republicana, como
el homenaje tributado a Federico García Lorca en el Teatro
Nacional; colabora en las mejores revistas de la isla: Ultra,
Carteles, Revista cubana, Verbum, Grafos, Lyceum…, y en
muchas de fuera: Repertorio Americano, de Costa Rica; Sur, de
Buenos Aires; Brújula, de Puerto Rico, y Letras de México,
de Méjico; lee por la radio las bellísimas páginas de
Ciego ante ciegos; no ceja en su empeño de atender las
visitas y las consultas de los poetas jóvenes; y departe
amigablemente con los españoles que pasan por la isla o se
han instalado en ella: don Ramón Menéndez Pidal, Regino
Sainz de la Maza, Adolfo Salazar, Alejandro Casona, Américo
Castro…
Las confusas y alarmantes noticias sobre
la guerra que reciben los esposos les llenan de amargura.
Juan Ramón vive atormentado y en vilo y con el pensamiento
puesto en la tragedia que se cierne sobre tantos inocentes.
La guerra, en fin, va a traer al poeta el mayor dolor de
estos años. En febrero de 1938, muere en el frente de
Teruel, víctima de un proyectil enemigo, su sobrino y
ahijado Juan Ramón Jiménez Bayo.
La tristeza del poeta es indescriptible.
Cinco meses después, los esposos viajan a Nueva York para
que Zenobia disfrute de la compañía y el cariño de sus
hermanos. La alegría de volver a encontrarse con ellos, al
cabo de los años, mantuvieron a Zenobia sumida en un afanoso
ir y venir, mientras Juan Ramón visitaba la Hispanic
Society, asistía a los conciertos de la Filarmónica de
Nueva York, o se perdía por las salas del Museo
Metropolitano y las del Museo de Arte Moderno. A fines de
noviembre volvieron a La Habana.
En enero de 1939, Zenobia y Juan Ramón
dejaron Cuba para siempre y se instalaron en Coral Gables,
Miami. Dos razones les empujaron a tomar esta decisión: el
final de la guerra invalidaría sus pasaportes diplomáticos,
y la situación económica por la que atravesaban se hacía
insostenible. Allí tropezaron con dos inconvenientes: el
calor, que les parecía insoportable, y el idioma. Juan
Ramón ni entendía bien lo que le hablaban, ni lograba
hacerse entender por los demás. Hasta allí les llega otra
terrible noticia: el allanamiento de su piso de Madrid. Tres
conocidos escritores haciéndose pasar por una patrulla de la
Delegación Nacional de Prensa y Propaganda, y con el
pretexto de "requisar documentos comprometedores que
obraban en poder del poeta", han asaltado su casa –respetada
durante la contienda- y se han llevado cuadros, objetos de
arte, fotografías, manuscritos, cartas, libros y otras
pertenencias que solo en parte y tras larguísimas gestiones
fueron devueltas, varios años después, a Juan Ramón.
En agosto, Zenobia y Juan Ramón, se
trasladaron de nuevo a Nueva York. Al regresar, en octubre, a
Coral Gables, encontraron un apartamento de su gusto, en un
barrio silencioso y con jardines, y se instalaron en él.
Juan Ramón volvió a trabajar como en sus mejores tiempos.
Sólo las estrecheces económicas a las que a menudo debían
hacer frente apagaban su entusiasmo. En enero de 1940, el
poeta pronunció tres conferencias en la Universidad de
Miami, y a continuación enseñó en la misma universidad un
curso sobre poesía española contemporánea. En marzo los
esposos viajaron a Orlando, donde ofrecieron sendas
conferencias: Juan Ramón en español, y Zenobia en inglés.
A lo largo de este año de 1940, los Jiménez van a viajar
dos veces a Nueva York: la primera para comprar el coche por
el que Zenobia llevaba suspirando tanto tiempo: el Chevrolet
de color verde que iba acompañarles durante el resto de sus
vidas; la segunda para que, como en ocasiones anteriores,
Zenobia disfrutase de la compañía de sus hermanos. En
octubre, Juan Ramón cayó enfermo y estuvo hospitalizado dos
semanas.
En mayo de 1941, los esposos viajan a
Dirham, en Carolina del Norte, para que Juan Ramón se someta
en el hospital de la Universidad a un exhaustivo
reconocimiento y le pongan un tratamiento que le devuelva la
salud. En agosto regresaron a Coral Gables. En marzo de 1942,
Juan Ramón volvió a dictar tres conferencias en la
Universidad de Miami, y en julio participó, por segunda vez,
en le curso de verano de la Universidad de Duke. Pronunció
cinco conferencias y la que cerró el ciclo se convirtió en
un homenaje de los estudiantes y los profesores al poeta
español.
Entre 1939 y 1942, Juan Ramón escribió
Romances de Coral Gables, que se publicó en 1948. En 1942
publicó Españoles de tres mundos; en 1945, Voces de mi
copla; y en 1946, La estación total con las canciones de la
nueva luz. En 1943, publicó en la revista Cuadernos
Americanos, el fragmento primero de Espacio, un poema largo,
de más de quinientos versos, que había comenzado a escribir
en la Florida, cuya versión definitiva, puesta en prosa,
apareció por primera vez en 1954, en la revista Poesía
española. Al mismo tiempo que alumbraba Espacio, Juan Ramón
escribió Tiempo, poema en prosa tan extenso como el primero,
que no vio la luz hasta 1986.
En marzo de 1943, los esposos abandonaron
Coral Gables y se instalaron definitivamente en Washington.
Allí la vida del matrimonio se hizo nuevamente intensa y
más interesante. Juan Ramón fue invitado a participar en la
serie de charlas sobre literatura española e
hispanoamericana que transmitía por radio la Oficina de
Asuntos Americanos de Washington, pero se negó pronto a
colaborar porque la censura militar suprimía de los textos
lo que consideraba conveniente. En 1944, la Universidad de
Maryland contrató a Zenobia para dar clases a los soldados
que estudiaban español en el Programa de Instrucción del
Ejército. Zenobia puso entonces de manifiesto sus hasta
entonces ocultas dotes de maestra, y allí se quedó, como
profesora de español, hasta 1951. El Departamento de Lenguas
y Literatura Extranjeras contrató después a Juan Ramón
para impartir seminarios para estudiantes graduados.
Los meses de septiembre y octubre de 1946
los pasaron Zenobia y Juan Ramón descansando en el
Washington Sanitarium and Hospital, de Takoma Park. El poeta
había pasado el verano algo abatido y pensaron que su
estancia allí le resultaría beneficiosa. Por ese tiempo
compraron una casa en Riverdale, aunque no se mudaron a ella
hasta noviembre de 1947. Era una casita sencilla, de dos
pisos, con un pequeño porche y una buhardilla donde Juan
Ramón podía guardar sus montones de libros y papeles. Sobre
el césped que la rodeaba se erguían docenas de olmos y
robles. Allí escribió Juan Ramón su libro inédito Los
olmos de Riverdale.
Casa de Maryland
En agosto de 1948, la revista Anales de
Buenos Aires invitó a Juan Ramón a dar una serie de
conferencias en la Argentina. El viaje resultó una sucesión
ininterrumpida de emociones. Fue recibido con un cariñoso
flamear de pañuelos y gritos de alegría de los jóvenes, y
por el fervor unánime de un grupo de escritores argentinos y
españoles que les esperaban en el puerto. Juan Ramón leerá
cuatro conferencias en el teatro Politeama, de Buenos Aires.
La presencia y la palabra del poeta, recibidas siempre con
cálido aplauso, se extendió a otras ciudades: Córdoba, La
Plata, Rosario, Santa Fe y Paraná. Durante este viaje,
Zenobia y Juan Ramón pasaron una semana en Montevideo, donde
el poeta leyó, en el teatro Solís, dos conferencias, y
donde el Senado uruguayo celebró una sesión especial para
tributarle un sentido homenaje. En Buenos Aires ofreció Juan
Ramón una lectura de poemas de Animal de fondo, el libro que
había comenzado a escribir a su salida de Riverdale. En
noviembre regresaron a los Estados Unidos.
A su regreso de la Argentina, Juan Ramón
había recobrado la salud, se sentía optimista respecto al
porvenir y se mostraba interesado en realizar nuevos
proyectos. Traía el compromiso de entregar a un editor
español el primer tomo de su obra completa, un libro
inédito a Pleamar, de Buenos Aires, y tres más de Losada,
que para entonces había reimpreso todos los de su segunda
época. Empezó a trabajar en todos esos libros al mismo
tiempo, sin advertir que su salud podía resentirse por su
total dedicación, y llegó a ver publicado Animal de fondo,
pero de repente sufrió una grave recaída. Posiblemente, la
confrontación de que la tarea que se había propuesto
excedía a sus fuerzas y requería más tiempo del calculado,
exacerbó su neurosis, hundiéndole en una prolongada
depresión. En agosto de 1950, Juan Ramón ingresó en el
Washington Sanitarium and Hospital, de Takoma Park, Maryland.
Los esposos habían pensando volver ese
año a la Argentina. Juan Ramón estaba invitado a leer
conferencias en Puerto Rico, Chile, Brasil, Perú, Guatemala,
Colombia y Méjico. Tan bellas expectativas no le ayudaron a
vencer su decaimiento. Durante el otoño, Zenobia empezó a
pensar en la posibilidad de un viaje a Puerto Rico,
imaginando que el viaje por el mar y el volverse a encontrar
en un país de habla hispana devolverían a Juan Ramón la
salud perdida. En noviembre desembarcaron en San Juan. Los
médicos del Hospital Presbiteriano que reconocieron al poeta
diagnosticaron padecimientos nerviosos que requerían
tratamiento adecuado. Tras descansar algunos días al aire
libre, los esposos regresaron decepcionados a Riverdale.
Antes de acabar el año el poeta volvió
al Washington Sanitarium. Las últimas semanas de enero de
1951 las pasó internado en el Ugene Leland Memorial, hasta
ser trasladado al pabellón psiquiátrico del hospital George
Washington. La falta de tiempo para atender a Juan Ramón, y la diversidad de sus ocupaciones y la celeridad con que
debía resolverlas diariamente hicieron que Zenobia empezara
a derrumbarse moral y físicamente. Mientras Juan Ramón no
mejoraba, Zenobia seguía pensando en volver a Puerto Rico o
a otra parte donde él pudiera reponerse. En marzo de 1951,
los esposos regresaron definitivamente a Puerto Rico. Se
instalaron en una pensión del barrio del Condado, donde
vivían otros exiliados y donde no faltaban bueno médicos,
médicos españoles en los que Juan Ramón confiaba
plenamente. En agosto Zenobia empezó a trabajar en la
Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto
Rico, y días después el matrimonio de mudó al Sanatorio
Psiquiátrico Insular, donde el doctor García Madrid, que
atendía a Juan Ramón, había habilitado un pabellón para
vivienda de los tres. Juan Ramón empezó a mejorar
lentamente.
En noviembre de ese año 1951 los doctores
diagnosticaron a Zenobia un cáncer de matriz. Se operó en
Boston el 31 de diciembre en el Massachussets General
Hospital, y tras una semana de convalecencia en el Women´s
City Club, regresó al lado de Juan Ramón el 1 de febrero.
Juan Ramón pareció sanar de repente de todos sus males,
pero en seguida recayó, y hasta agosto no acabó de sentirse
totalmente curado. Reanudó su vida intelectual leyendo
sendas conferencias en la Universidad de Puerto Rico y en la
Escuela de Medicina, y colaborando en las revistas La Torre y
Asomante. En agosto de 1953, los esposos se mudaron a una
casita de dos plantas en la barriada de Floral Park, de Hato
Rey. Casi al mismo tiempo, Juan Ramón comenzó a dictar un
curso sobre el modernismo en la Universidad. Alternaba ese
trabajo con la tarea de escribir nuevos poemas y ordenar y
corregir los ya publicados. Estaba terminando Dios deseado y
deseante, y preparaba tres nuevos libros: En el otro costado,
Una colina meridiana y De ríos que se van. Reanudó también
su colaboración con revistas y periódicos americanos, y
empezó a enviar versos y prosas a las revistas de España
que se los solicitaban.
En marzo de 1953, la Universidad de Puerto
Rico había celebrado el cincuentenario de su fundación
inaugurando una magnífica biblioteca. Juan Ramón se sumó a
la efeméride donando la suya completa: más de seis mil
volúmenes. Dos años después, la Universidad agradeció tan
generosa donación cediendo al poeta y a su esposa una gran
sala para que sirviera de lugar de trabajo y a su muerte
quedara convertida en centro de investigación encargado de
honrar su memoria y custodiar los libros donados por Juan
Ramón. Esa sala fue bautizada, por deseo del poeta, con el
nombre de Sala Zenobia-Juan Ramón Jiménez.
Durante el primer semestre de ese año de
1953, el cáncer obligó a Zenobia a someterse a sesiones de
rayos X. Al comenzar 1954, Zenobia volvió a recaer, y Juan
Ramón sufrió una nueva depresión, tan grave que a veces
rompía a llorar. desesperado. Al llegar el otoño, una nueva recaída le
llevó de nuevo a los hospitales: primero al Hospital
Municipal de Río Piedras, y después a Auxilio Mutuo. Al
comenzar 1955, como la mejoría no llegaba, fue trasladado a
la Clínica Psiquiátrica de Hato Tejas, cerca de su casa. A
mediados de febrero recayó de nuevo, y con él Zenobia.
Convencida de que volver a su tierra y reencontrarse con sus
familiares y con su lengua devolverían a Juan Ramón la
salud perdida, Zenobia empezó a pensar en un eventual
regreso a España.
El año 1956 empezó para los esposo con
buenos augurios. Juan Ramón parecía calmado y contento, y
Zenobia, mejorada y deseosa de vivir. Pero antes de acabar
febrero Zenobia volvió a recaer. Al mes siguiente, los
doctores confirmaron la reaparición del cáncer. Intuyendo
que esta vez el mal no podría ser atajado se desesperaba
Zenobia, pensando que no conseguiría terminar la Tercera
antolojía del poeta, comprometida con un editor de Madrid.
En junio voló a Boston, para someterse a un severo
reconocimiento en el Massachussets General Hospital. El
diagnóstico no pudo ser peor. Tal vez no lograría
sobrevivir mucho tiempo. Sólo tras recuperarse de las
terribles heridas que le habían producido las prolongadas
sesiones de rayos, podría esperar el milagro de una nueva
intervención que le devolviese la vida por unos años más.
En septiembre, volvió a Boston. Allí se desvanecieron todas
las esperanzas. Su muerte era sólo cuestión de tiempo: unas
semanas, quizás unos meses. Regresó a Puerto Rico y fue
internada en la Clínica Mimiya, de Santurce. Casi al mismo
tiempo va a llegar a la isla Francisco Hernández-Pinzón
Jiménez, el sobrino predilecto de Juan Ramón, llamado a
Puerto Rico por Zenobia para que se ocupe del poeta en los
días que sigan a su muerte. El 25 de octubre, la Academia
Sueca concedió a Juan Ramón el Premio Nobel de Literatura.
El 28 murió Zenobia. Su cuerpo se expuso, cubierto de flores
amarillas, en la Sala que llevaba el nombre de los esposos,
en el mismo sitio donde ella solía sentarse a ordenar los
papeles del poeta. El 29 sus restos recibieron cristiana
sepultura en el cementerio de Porta Colei, de Bayamón, cerca
de San Juan.
Tras las honras fúnebres por el alma de
su mujer, Juan Ramón se encerró en una habitación de su
casa para vivir en la oscuridad con su dolor y su tristeza.
Se negó a comer, descuidó su higiene personal, se aisló de
todo el mundo. Desnutrido y en un estado verdaderamente
lamentable, en agosto de 1957 fue ingresado en el Hospital
Psiquiátrico de Hato Tejas. Un mes después, volvió, de
nuevo, a la Universidad. En febrero de 1958, el poeta sufrió
una aparatosa caída y se fracturó la cadera derecha.
Operado, para colocarle una férula de acero, se restableció
con rapidez, pero no volvió a andar. La familia, encarnada
de nuevo en su sobrino Francisco Hernández-Pinzón, y atenta
a los deseos de Zenobia, trata de traerlo a España. En los
últimos días de mayo, Juan Ramón cayó enfermo de
bronconeumonía, con síntomas alarmantes. Trasladado a la
Clínica Mimiya, de Santurce, no respondió al tratamiento de
choque que se le impuso. El 29 de mayo la vida de Juan Ramón
se apagó para siempre. Los cuerpos de Zenobia y Juan Ramón,
acompañados de su sobrino Francisco Hernández-Pinzón y de
su fiel enfermera, Mª Emilia Guzmán, llegaron al aeropuerto
madrileño de Barajas. Después de unas breves paradas en la
plaza de Neptuno y ante el colegio de Nuestra Señora de
Loreto, en la calle O´Donnell, donde residía su sobrina
Victoria, continuaron su viaje hacia Moguer, parando en
Sevilla, donde sus cuerpos fueron expuestos en la
Universidad. Finalmente el 6 de junio recibieron sepultura en
Moguer.

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