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ASA MUSEO
     

Haga click en la imagen para ampliarla. Despacho de Juan Ramón.

 

Juan Ramón Jiménez nació en Moguer, en 1881, en la calle de la Ribera nº 2, poco después, la familia decide trasladarse a la calle Nueva, casa que había mandado construir su tío Gregorio Jiménez, que residía en Huelva y que nunca llegó a ocuparla. Esta casa es en la que más años viviría el poeta y de la que tendrá sus mayores y mejores recuerdos. Cuando a principios del siglo XX se produce la quiebra y subasta familiar, la casa pasa a ser propiedad de Dolores Flores Tello. Allí se traslada a vivir ocupando el piso bajo. El alto lo ocupa su hijo José Hernández- Pinzón, casado con Victoria Jiménez, hermana del poeta. A la muerte de Dolores Flores, la casa la heredan José Hernández-Pinzón y Blanca Hernández- Pinzón, la primera novia del poeta. En el piso alto de esa casa nacen y viven sus sobrinos: Victoria, Lola, Blanca, José y Francisco Hernández-Pinzón Jiménez, sobrinos y herederos del poeta.

En 1954, por iniciativa de Adriano del Valle y el Gobernador Civil de Huelva, se realizan gestiones para adquirir la casa de la calle de la Ribera y así se lo comunican al poeta. Este escribe una carta abierta en la Revista "Caracola" de Málaga, que por su interés reproducimos:

Querida Caracola:

He leído la nota en que refieres el deseo de Adriano del Valle (que agradezco en su valor) de que el Estado español compre y me regale la casa donde nací y viví los dos primeros años de mi vida, para que pueda morirme en paz, allí, como naciera. También he sabido por ti que Don Francisco Summers, gobernador civil del Huelva, había coincidido en pensamiento con la iniciativa del poeta, y que se proponía conseguir del Estado que la casa se adquiriera nada menos que por suscripción nacional. No sé cómo corresponder a tanta jenerosidad de poeta y gobernador. Pero yo tengo algo que decir en este asunto que, por fortuna para todos, no ha prosperado.

La casa de la que hablo es cuartel de la Guardia Civil hace muchísimos años y sirve muy bien para cuartel. Yo nací en esa casa que mi padre levantó cuando Moguer no tenía la carretera de Sevilla y todo el tráfico se hacía por el río. Entonces, la calle de La Ribera, donde está la casa, esquina de la de Las Flores, era la principal del pueblo; y unos ricachones que había ya edificado en ella, convencieron a mi padre para que edificara la suya frente a las de ellos. El arquitecto de Sevilla que se encargó de hacerla, le fabricó a mi padre esa casa ridícula, con toques "árabes", como las estaciones de ferrocarril en el trayecto de Huelva a Sevilla, que él también dirijió. La fiesta aguada le costó a mi padre un dineral, porque la azotea se hundió dos veces y todo lo demás estaba lleno de inconvenientes.

Años después se abrió la carretera de Sevilla, que lleva a la estación ferroviaria de San Juan del Puerto, ya que Moguer, población interior de Tartesos, no tiene estación. Mi padre, harto ya de la casa de la calle de La Ribera, le tomó alquilada a un hermano suyo una de la Calle Nueva a la que nos mudamos corriendo y en la que yo viví hasta mis 20 años, cuando murió mi padre y yo me fui a rodar por el mundo. Esta casa, cuya fotografía te mando por si quieres publicarla, ya que la otra la publicó "Clavileño", es la que llenó de esperiencias, que luego serían entes y sombras, de mi niñez y primera juventud; recuerdos que he escrito en varios libros míos publicados o inéditos: "Platero", "Entes y sombras de mi infancia"; "Piedras, flores y bestias de Moguer", "Josefito Figuraciones", etc. De la primera sólo conservo rápidas ideas turbias de niño chico, que he referido en pájinas como: "Fernandillo", "Casa Azul marino", "Granadilla", y alguna más. El poema "Continente de estrellas", que publiqué en tus pájinas, ocurre en esta casa, y ese largo balcón que ves y al que daban mis habitaciones, es el que, como un palco a un teatro, me asomó a otras muchas pájinas mías; como las grandes ventanas de la fachada trasera, que dan al jardín, al corral, a la calleja y al campo.

Cuando, por error grave, reconocido por Don Eduardo Dato, defensor de mi familia ante el supremo, en un pleito ganado en Sevilla, el Banco de España, "que nunca se equivoca", según declaró cínico su defensor, decretó la ruina de todos nosotros como herederos de un capital embargado, y se incautó de todo lo nuestro; las casas del pueblo, las del campo: Sabariego, de mi hermano; Fuentepiña, que me regaló mi tío padrino; Montemayor, la finca más hermosa de Moguer, que era de mi hermana mayor; de las cuatro bodegas, sueño dorado mío por sus huertos y corrales, el Diezmo Viejo, las Ilascuras, la Castellana y el Molino de Coba; y de las viñas, olivares y pinares por donde discurrió tanto a pie o a caballo mi apartamiento embelesado..., nos fuimos entonces a vivir a casa de alquiler, menos mis hermanas, cuyos maridos adquirieron en la subasta del Banco, la casa grande de la Calle Nueva y otras fincas y yo seguí entrando y saliendo en ellas. Esta Calle Nueva se fue llamando sucesivamente, que yo recuerde, Canovas del Castillo, Fray Juan Pérez de Marchena y no sé si ahora sigue llamándose Alferez Jiménez Bayo por mi heroico sobrino ahijado. A la calle de las Flores le pusieron mi nombre y luego se lo quitaron y de las dos cosas estuve muy agradecido.

Si yo volviera a España con mi mujer, cosa difícil por nuestra situación actual, pues todas nuestras pertenencias particulares las dispersamos al salir y sería imposible rehacer nuestra vida a nuestra edad, no sería para vivir del todo en Moguer. Muertos nuestros padres, dos de mis hermanos, tres sobrinos, uno de ellos mi ahijado, que tanto queríamos y nos quería, y con el resto de mi familia esparcida por España, la "Blanca maravilla de mi pueblo, la luz con el tiempo dentro", sería para mí páramo de pena, aunque tenga en él algún familiar y tantos buenos amigos. Lo único que me queda a mí en Moguer permanentemente, es la sepultura de los míos en un blanco cementerio, que era mi paseo favorito cuando yo vivía en Moguer de muchacho, y no por un romanticismo enfermo, sino, al contrario, por la contagiosa alegría que flotaba en su limpio recinto, lugar grato de descanso, lleno todo de árboles y abejas, pájaros y flores. El cementerio de Moguer fue siempre tónico para mí, pero no me sería posible vivir todavía con mi mujer en un nicho.

Quedo siempre tuyo, querida "Caracola" de Málaga. Y perdóname esta divagación; pero me diste una ocasión estraordinaria, de revivir un pasado, tan lejano hoy para mí y tan querido ya como el sueño de un dormido; y no supe mejor cómo corresponderte.

Juan Ramón Jiménez         (Hato Rey, abril 1954)

Esta carta fue decisiva para que se desistiera adquirir la casa de la calle de La Ribera y el 17/7/1955 la Diputación Provincial de Huelva acuerda comprar la casa de la calle Nueva, a propuesta del diputado Juan Gorostidi. Sus propietarios representados por José Hernández-Pinzón Jiménez y Fernando de la Concha Hernández-Pinzón, formalizan la venta y retiran parte del mobiliario, pero dejarían en la casa muebles y enseres que pasarían a formar parte del naciente Museo, con la autorización de sus propietarios.

Después de esto se iniciarían una serie de episodios y actuaciones por parte del Señor Gorostidi, algunas de ellas de dudoso gusto, para intentar que todas las pertenencias del matrimonio fueran a parar a esa casa. Todo esto se explica con detalle en el trabajo de Francisco Hernández-Pinzón: "Recuerdos de Zenobia y Juan Ramón en su casa-museo de Moguer" (Montemayor, Moguer 1988)

Zenobia y Juan Ramón estaban muy preocupados por sus pertenencias, que estaban depositadas en el Museo Romántico de Madrid, desde que se desalojó su piso de la calle Padilla. O mejor dicho, por lo que quedó           después de sufrir el asalto y el pillaje de los escritores: Felix Ros, Carlos Martínez Barbeito y Carlos Sentís. Y aunque algunas cosas fueron devueltas por los dos primeros, Carlos Sentís, según sus compañeros en la           rapiña, nunca devolvió nada y hoy día algunas cosas siguen sin aparecer.                                                             

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       Salón- comedor                                                              Dormitorio                                  

El matrimonio decide donar algunos muebles al Museo Romántico, como gratitud por los años que habían custodiado todos sus bienes y otorgan a su sobrino Francisco Hernández-Pinzón una autorización para que pueda disponer del resto de los bienes. Los herederos deciden entregar al Ministerio de Educación y Cultura, parte de esos bienes, para la sean depositados en la CASA-MUSEO ZENOBIA Y JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, dependiente de este ministerio. Para llevar a cabo la entrega se trasladan a Moguer funcionarias del ministerio que harían una ordenación y catalogación de los bienes. Sólo se pidió que no fuera trasladado su archivo por considerar que la casa no reunía los condiciones necesarias para su buena custodia y conservación, ni para que pudieran estudiar allí los investigadores de su obra. No obstante el Señor Gorostidi hizo caso omiso del deseo de los herederos y aprovechándose de sus conocimientos en la Biblioteca Nacional, donde se encontraban sus manuscritos, pidió que le fueran entregados y se los llevó a Moguer. Una vez enterados sus herederos, hacen la correspondiente reclamación al Ministerio de cultura, que por orden Ministerial del 17 de abril de 1959, decide su traslado al Archivo Histórico Nacional, donde se encuentran en la actualidad y en calidad de depósito. En cuanto al resto de los bienes, que está en la CASA-MUSEO, siguen perteneciendo a sus herederos, pues las diferentes autoridades moguereñas nunca quisieron formalizar documentalmente esa entrega por sostener que se las dejó el Nóbel en herencia, algo absurdo y constatable por el testamento del poeta, que deja claro cuales son los bienes que quiere que vayan a esa casa.

 

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En sus comienzos, se crea esa CASA-MUSEO, que se rige por un Reglamento, que recoge su composición, funciones etc. En ellos, se establece que el Director debería ser designado por la Dirección General de Archivos y Bibliotecas, que convocaría una oposición para ello, debiendo tener el Director un título Universitario. El patronato estaría compuesto por un Presidente, el Ministro de Educación y tres vicepresidentes: el Director General de Archivos y Bibliotecas, el Rector de la Universidad de Sevilla y el Alcalde de Moguer y como vocales: El rector de la Universidad de la Rábida, Presidente de la Diputación de Huelva, un eclesiástico nombrado por el Ayuntamiento de Moguer, dos concejales de ese Ayuntamiento, dos vecinos con título universitario, dos familiares del poeta, un familiar de Don Luis Bayo Hernández-Pinzón, el Director de la Casa Municipal de cultura y con carácter vitalicio la Sra. Ginesa Aroca, Vda. de Guerrero , Sr. Don Francisco Hernández-Pinzón Jiménez y Sr. Gorostidi.

El nombramiento del Sr. Francisco Hernández-Pinzón Jiménez, sobrino y albacea testamentario del poeta, se hace mediante orden Ministerial de 10 de Febrero de 1959.

Esta CASA-MUSEO estuvo funcionando con ese reglamento y esa composición hasta 1987, en que se crea la Fundación Juan Ramón Jiménez (que no es tal, sino un consorcio). Se elimina todo lo anterior y se convierte en una institución política, compuesta en su totalidad por políticos de la Diputación de Huelva, del Ayuntamiento de Moguer y últimamente de la Junta de Andalucía. Se suprime toda dependencia con las Universidades y a los familiares del poeta, incluso aquellos que habían sido nombrados por orden Ministerial y con carácter vitalicio. Por supuesto, ya el cargo de Director se hace "a dedo", según el partido político que gane las elecciones y ni siquiera exigen que sea una persona con título universitario. De hecho, han sido Directores personas sin ningún título académico, ni preparación adecuada.

Desde siempre, Francisco Hernández-Pinzón Jiménez, ha venido denunciando las carencias de la CASA-MUSEO y su mal estado, que han puesto en peligro los bienes que allí se conservan. También se ha denunciado, miles de veces, la falta de aprecio de las instituciones políticas por esos bienes y los lugares juanramonianos. Los herederos, cansados ya de pedir, privadamente, que se prestara el justo interés por todo ello y viendo que sus escritos caían en saco roto, denunció públicamente esta situación, lo que obligó a las autoridades a tomar medidas. Por fin, se ha conseguido que arreglaran la tumba de Zenobia y Juan Ramón, en lamentable estado, que se cerrara la CASA-MUSEO, para una rehabilitación integral de ella y que se comenzara un inventario de los bienes. Pedimos también que se tomara interés por la Finca Fuentepiña, donde el poeta pasó momentos felices y donde está inspirada mucho de su obra y que se encuentra en un estado de total abandono, así como se consiga recuperar un cuadro de Juan Ramón, pintado por el Sr. Carlos San Román, desaparecido de la CASA-MUSEO.

Por todo lo anterior y por entender, que se ha actuado fuera de la legalidad y han convertido una institución, que debería ser totalmente cultural, en política con intereses ajenos al poeta, no existe ningún contacto entre Fundación y los herederos del poeta, que han depositado la mayoría de los fondos juanramonianos que allí se conservan. Queda claro, que esa entidad no tiene ningún poder de actuación respecto a la obra del poeta y todos sus derechos corresponden a sus herederos, por voluntad expresada por el Nóbel en su testamento.